
El pasado sábado 22 de marzo, en el marco del Festival Sombra Madrid 2025, su director Adán Latonda nos recibió en los cines Embajadores de la capital para la proyección de José Lifante, mi aventura en el cine (2024), un emotivo documental dirigido por David García Sariñena, a través del que el actor recorre su vida personal y profesional al completo con interesantes testimonios de personalidades como Ángel Sala (director del Festival de Sitges) o Jaime Chávarri (cineasta, director de Las bicicletas son para el verano, entre otros).

Lifante empezó trabajando muy joven en teatro y desde que se adentra en el cine en 1961 con Juventud a la intemperie de Ignacio F. Iquino, no lo soltó hasta 2020 que realizó su último trabajo: Vamus Horror Tales de Víctor Matellano y varios directores más. Seis décadas frente a la cámara en las que trabajó, fundamentalmente como actor de reparto (sin tener esta etiqueta nada de peyorativo, pues, como en la presentación se dijo: “para que las estrellas brillen siempre debe haber un fondo negro”), con directores como Luis García Berlanga (Patrimonio nacional), Eloy de la Iglesia (Miedo a salir de noche) o Jorge Grau (mítico zombi de No profanar el sueño de los muertos); también hizo televisión (La bola de cristal o Farmacia de guardia); e incluso Terry Gilliam lo llamó personalmente para trabajar en Las aventuras del barón Münchausen (1988).

El director de la película, David García Sariñena, explicó previo a la proyección la gran relación que guardaba con el veterano actor y presentó su trabajo con la emoción del que rinde homenaje a un amigo, pues, José Lifante falleció poco después de rodar el documental (en enero de 2024) y apenas pudo ver un boceto de su cartel. El cariño y entrega del director y los que en el documental testifican, se trasladan a la pantalla y contagian sus imágenes y en consecuencia al espectador, logrando configurarse como una carta de amor al cine en general, y al cine español, a los actores de reparto y, sobre todo, a José Lifante, de un calado profundo, especialmente durante sus últimos compases más desgarradores y sinceros.
José Lifante, mi aventura en el cine se escenifica prácticamente en una sola ubicación: el hermoso Palacio de Longoria, sede de la SGAE; donde el actor, sentado con su perro en una silla, va narrando ─con una memoria prodigiosa─ su vida profesional y personal desde los comienzos. Alrededor de Lifante, algunos testigos de su arrolladora presencia vital comentan aspectos sobre su importancia en el cine español (Ángel Sala), su forma de trabajar en la escena (Eduardo Aldán) o su enorme corazón (Marian Salgado).

La magnificencia del Palacio de Longoria eleva a los cielos a un actor que, dando la sensación de conocerse en el final, se confiesa en un acto de sinceridad emocional bellísimo dejando entrever la enorme confianza y cariño que director y actor se profesaban. El testimonio final en que José se emociona recordando a su mujer, con esos segundos de impactante silencio que encogen el alma; y las posteriores imágenes del actor caminando hacia la luminosa puerta del balcón, son la perfecta guinda para un pastel que si ya era interesante, se convierte en auténtico cine.
El documental tiene distribución de MONSTER WORLD productions y Loniego Films y podrá verse durante este año en Barcelona y Asturias, y próximamente en formato físico. Una pieza recomendable para cualquier fan del cine español hecha con un enorme cariño.
